28/11/12

18:24


El Pais
El Nacional de Artes Plásticas reconoce la escultura ubicua de Jaume Plensa

"Me ha pillado a contrapié, no me lo esperaba para nada. La importancia de un premio es la que tú quieras darle, pero tengo que reconocer que me ha hecho mucha ilusión, porque es un gran estímulo, y a pesar de que ahora todo es muy global, es muy agradable que el premio sea en mi país". Jaume Plensa (Barcelona, 1955) se enteró en un tren de vuelta a casa de que había sido galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2012 que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Viajar ha sido la constante en Plensa en los últimos años. Con Laura, su inseparable mujer, han acompañado siempre a sus enormes esculturas formadas por letras y números desde el taller de Sant Feliu de Llobregat, cerca de Barcelona, a Liverpool, Seúl, Dubai, Houston, Boston, Chicago, Nueva York, París, o a cualquier otra ciudad del mundo donde han acabado instaladas.

El jurado ha reconocido "la labor progresiva, de proyección internacional, en el desarrollo de la nueva escultura", pero también "la utilización del lenguaje como medio de reflexión" y "su preocupación por la humanización del espacio urbano y su aportación al diseño escenográfico", el aspecto que más ha alegrado al artista barcelonés.

Las esculturas de letras son la marca de la casa, pero Plensa también es autor de obras creadas en hierro fundido, poliéster, fibra de vidrio, alabastro o madera y de una importante obra gráfica, menos conocida, pero de la que se siente muy orgulloso: "Mis dibujos son esculturas en dos dimensiones", explicó el pasado mes de septiembre delante del cartel que pudo verse en casi todas las calles de Barcelona durante las pasadas fiestas de la Mercè.

Me sorprende que algo que yo pueda hacer trascienda"

Pensadas para el lugar donde acaban ubicadas, Plensa ha creado enormes esculturas que a veces coronan colinas, como es el caso de Dream, una cabeza de 20 metros de altura de una niña con los ojos cerrados "para dar énfasis al mundo interior, porque todos poseemos tesoros incalculables que no conocemos", situada a las afueras de la localidad minera de Saint Helens, cerca de Liverpool. Otras, son el centro de enormes plazas en ciudades como Chicago, como es el caso de la Crown Fountain, una fuente formada por dos altas torres en la que los ciudadanos, proyectados en pantallas, lanzan agua por la boca, un proyecto que le valió el reconocimiento internacional.

Algunas de sus obras han ocupado espacios de forma pasajera, como la cabeza que sobresalía del mar en la bahía de Botafogo, en Río de Janeiro; las figuras que ocuparon parte del Madison Square Park, en Nueva York, o las tres esculturas luminosas que se pudieron ver en octubre en la Place Vendôme de París, coincidiendo con la Feria de Arte de París. En 2008 expuso en el stand de EL PAÍS de la Feria Arco de Madrid Entre sueños, la cabeza de una inmigrante dominicana llamada Irma, de dos metros y medio de altura, rodeada de 600 kilos de zapatos usados.

El premio de ayer se produce en medio de una intensa actividad, como siempre, de Plensa: el día 11 inauguró una exposición en el Museo Emma de Helsinki y la semana pasada instaló una escultura de 32 toneladas frente al Buffalo Museum de Nueva York.

Plensa transmite su carácter austero a toda su obra: "Busco la austeridad en el mensaje. Has de hacer una botella tan pura como puedas para que proteja el mensaje en el viaje, pero sin perder de vista que lo importante es el mensaje que contiene", asegura. Como con el premio recibido, vive la fama sorprendido: "me emociona el interés que despiertan mis figuras en las personas". Lo pudo comprobar en 2009 durante la inauguración de Dream acompañado de la mayoría de habitantes de la localidad inglesa de Saint Helens. "Me sorprende que algo que pueda hacer yo trascienda; es una responsabilidad porque implica meterse en casa de otro". En Barcelona cuenta con cuatro esculturas instaladas en la ciudad, ninguna icónica; algo que se repite en el resto de España. Humilde, como siempre, lo atribuye al hecho de que "tal vez he descuidado mi país, porque hace mucho tiempo que me fui a vivir a Berlín, luego a París y Nueva York y mi obra creció en el extranjero".