20/3/13

Astrid Colomar inaugura a la galeria Joan Melià aquest dissàbte dia 23 a partir de les 20.00h.



BLUE astrid colomar

UNA GENEALOGÍA DEL AZUL. Goethe denominó el azul el color de la "nada encantada", el azul "transporta al hombre hacia el infinito" y provoca "un deseo de pureza y en última instancia de supra sensualidad". El azul es el color de la profundidad ambigua, de los cielos y de los abismos. En la pintura del Renacimiento, el azul es el color de la belleza divina. En el Budismo Tibetano, los conceptos de conciencia y sabiduría –denominados dharma-dhatu- son de un intenso color azul. Joseph Albers, Mark Rothko, Yves Klein o José María Yturralde, todos ellos, han tenido sus motivos para explorar el azul. Para Astrid Colomar, el azul, como matiz de luz blanca, es el color de la vacuidad, el azul que lo contiene todo y dada a la vez.

SUPERACIÓN DE LO SUBLIME. Las pinturas de Astrid Colomar, partiendo de las tesis románticas de lo sublime, se sitúan en la relación del hombre frente a la inmensidad del universo, no como drama desproporcionado y doloroso sino dando un paso hacia la aceptación serena de que el hombre pertenece al universo, estando inmerso en él y participando de éste holísticamente como un todo. Esta aceptación universal, se convierte en manifiesto moral: todos los hombres, la humanidad, actúan inmersos en el universo y como consecuencia su responsabilidad va más allá de lo exclusivamente humano. También cabe señalar que esta nueva proporcionalidad holística entre el hombre y el universo viene inducida por los nuevos enfoques sistémicos de la realidad introducidos en la segunda mitad del siglo XX. El proverbio chino: "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo" que se ha convertido en definición metafórica de la relación causa-efecto de los fenómenos, provoca la posibilidad de una nueva conciencia de responsabilidad en los actos del hombre frente a la naturaleza de la que depende. Así, estas obras, partiendo de la inquietud romántica de situar al individuo frente a la inmensidad universal, ofrecen una nueva proporcionalidad, desde la perspectiva del siglo XXI, de la existencia del hombre respecto a su humanidad y a su universalidad, como hombre moral. Al igual que Rothko o Mondrian, en los que la fuerza moral generaba un tipo de simplicidad formal, Astrid Colomar, a través de su apertura hacia estos espacios holísticos evoca también al filósofo Hans-Georg Gadamer, invitando a reflexionar sobre lo trascendente desde una perspectiva humana, después de que Nietzsche matara a Dios.

EL COLOR-LUZ Y LOS MATERIALES COMO ELEMENTOS CONFORMADORES DE PAISAJE Y CONCEPTO. Todo el trabajo artístico de Astrid Colomar tiene como punto de partida los materiales mismos que conforman la obra como objeto y su relación con el sujeto (la propia artista) desde un punto de vista fenomenológico, es decir, como proceso activo y consciente. Con la evidencia física o material y su cuestionamiento a través de


la paradoja conceptual camina hacia un significado revelado por la trascendencia de la interacción entre esos materiales, resultando una disolución de los límites entre lo material y lo incorpóreo. El color pasa a ser sustancia con sus propias cualidades de comportamiento y sentido. Disuelto al máximo, la sustancia pictórica pasa a ser un velo o un simple matiz de luz ofreciendo esa luminosidad extrema tan característica de las pinturas de Astrid Colomar, creada gracias a la superposición de numerosísimas capas de color-luz transparente. En el caso de estas obras azules, el tono escogido es el que proyecta la vibración precisa de la luz blanca solar. Su soporte empezó siendo de un pulcro aluminio en sus inicios, hacia el año 2000, que parecía hundirse plano en la pared al ser colgado, produciendo la sensación de una apertura arquitectónica. El espacio pictórico luminoso (de color azul pero de luz blanca diurna) se seguía expandiendo, hacia el infinito, fundiéndose de nuevo con el mundo, más allá de los propios límites del soporte, atravesando la pared. En la actualidad, la artista ha sustituido la precisión del contorno del aluminio por la madera, esculpiendo sus bordes laterales de tal manera que en apariencia, sólo queda una fina lámina de azul transparente flotando a unos centímetros de distancia de la pared. Lo que antes parecía traspasar la propia materia ahora queda reducido a su propia ausencia como una frágil y fina luz suspendida. Así, el impulso universal que suscitan estas obras, se expande como pura luz en el espacio; un aura que todo lo envuelve y que todo lo disuelve.

LA PARADOJA DEL PLENO Y EL VACÍO. Astrid Colomar, como es habitual en su obra, nos plantea la cuestión de la realidad sin límites, siempre indagando en el continuum entre lo interior y exterior (subjetivo-objetivo). En estas pinturas azules, la disolución de los contornos, para poder abarcar un todo holístico y universal, la llevan a la confrontación del pleno y el vacío o el todo y la nada estéticamente. Planteado de otro modo; ¿cómo se llega desde la nada al todo? Al igual que el silencio pasa a ser, por omisión de voz, mensaje. La nada, estéticamente, por omisión de forma y contornos pasa a ser amplitud, espacio abierto sin límite alguno; una intuición del infinito o una idea de lo universal. En las primeras pinturas azules sobre aluminio, Astrid Colomar evocaba esa amplitud espacial a través de gradaciones de azul, más o menos denso, pero siempre presente. Ahora y después de la muerte de su madre, la artista introduce un nuevo aspecto inquietante por su radicalidad: la ausencia. Espacios despojados totalmente de pintura dialogan, dejando al descubierto la superficie desnuda del cuadro, con "la nada" de color azul pero de luz blanca. Dos espacios conceptualmente negativos que, inevitablemente, desde la perspectiva de la lógica (dos negaciones consecutivas se transforman en afirmación) o la matemática (menos por menos es más) conducen a un nuevo espacio positivo.


Gerent: Joan Melià Ques
Castellet, nº29
07400 Alcúdia (Mallorca)