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diario de mallorca

Lourdes Durán El Jueves Santo cuando Guillem Pomar Reynés iba a echar el cierre del comercio las puertas no se cerraban. La anécdota de esa resistencia de los elementos se topa con la realidad: Pomar Flores, el centenario establecimiento de Palma cerrará a finales de mes tras 153 años sirviendo material de Bellas Artes.

Guillem cuenta la pequeña historia de puertas que se resisten a dar el portazo con una sonrisa caída. Su tono es triste. "No hemos podido aguantar. La crisis es de tal envergadura que nos ha superado. Jamás imaginamos que algo así iba a ocurrir", se lamenta el menor de los Pomar Reynés.

Ellos han sellado la tercera generación desde que su tío abuelo Cayetano Pomar Miró, pintor y empapelador, montara el primer negocio en la calle Vicenç Mut. El comercio tomó el nombre de los linajes Pomar Flores del sobrino, Josep Pomar Flores, adoptado por Cayetano y Catalina. Hubo cambio de dirección y los pinceles se fueron a Sant Bartomeu. La calle Sant Miquel, donde hoy se ubican, pierde un nuevo comercio local.
"Estamos tristes. No tengo palabras", murmura Pepa, la hermana de Guillem, quien recuerda al abuelo Pomar Flores en aquellas tardes en que tocaba el piano y le enseñaba los rudimentos de la aritmética. Ahora los números no salen y hay un descuadre en el debe y el haber que ya no les permite resistir. "No se puede aguantar, te va la salud mental. La pasada Navidad fue la peor de todas. Esto provocó que ya nos planteáremos el cierre. Lo hemos intentado, pero es cierto que ante esta dinámica, te desanimas y se va deteriorando todo. Es un círculo vicioso, no puedes pagar a los proveedores, tienes que hacer frente a impuestos, no tienes liquidez y te embargan. En fin...", resume Guillem Pomar. Su hermana, con pocas ganas de hablar, aplica la lógica: "Una cosa es no cobrar y otra es pagar de tu bolsillo". Ella tiene 58 años y su hermano, 55.

La ciudad pierde músculo. El pequeño comercio no para de recibir dentelladas. Las economías domésticas están tocadas, muchas de muerte, y los que aún se mantienen, incluso quien mucho tiene, no se atreven a gastar. Hay miedo.

No fue suficiente la iniciativa de abrir un anexo como galería de arte cuando, tres años atrás, celebraron el 150 aniversario. "El mundo del arte está tocado. Da igual que expusieras a artistas conocidos o a jóvenes, el dinero no circula. Al final, compraban algo los amigos o los familiares".
En Pomar Flores llegaron a trabajar diez empleados. Poco a poco el número menguó. Aquel negocio que alguien llamó Can Papeles, cuando estaban los hermanos Josep y Manuel, fue un lugar frecuentado por Joan Miró, al que tuvieron que hacerle los bastidores ex profeso porque el formato que él empleaba para sus lienzos no se encontraba en Palma. Ahora lo que queda está en liquidación.