17/12/12

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Diario de Mallorca

´Mejorar la educación no es una utopía, y sabemos cómo hacerlo´

IGNACIO A. CASTILLO –A pesar de las continuas movilizaciones contra los recortes, ¿cree que la sociedad parece haber bajado los brazos en la educación cuando todos los informes nos siguen situando a la cola?

–Hay que lanzar una llamada de optimismo y exigencia. Las cosas tienen solución. Se está instalando un sentimiento que hace que solo hablemos de la educación en discursos terribles y dramáticos, perdiendo lo bello que tiene la educación. Es verdad que existe impotencia. Pero un sistema como el de España, con todas sus variantes, puede convertirse en un sistema de alto rendimiento entre tres y cinco años y sin necesidad de subir mucho la inversión. Por debajo del 4,5% del PIB es muy difícil tener un buen sistema educativo, de modo que si ahora bajamos al 4,2%, la cosa empieza a ser muy alarmante.

–Pero en España, el gasto medio por alumno en relación al PIB era dos puntos más que la media europea. ¿Cuál es el problema?
–Estábamos por encima y habíamos llegado al 4,9%. Lo que hay que decir a los ciudadanos es que mejorar el sistema educativo no es una utopía y sabemos cómo hay que hacerlo, sin necesidad de aumentar disparatadamente la inversión educativa. Pero nos lo tenemos que proponer y cambiar la gestión. Ahí está el problema.

–¿De quién es la culpa?
–Para cambiar una dinámica social hace falta mucha paciencia y volver a explicar las cosas. Podemos utilizar un proverbio africano que dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera... Aunque a mí siempre me gusta añadirle una coletilla: hace falta una buena tribu. Mi propósito es ver si convenzo al suficiente número de personas para hacer una carta de los deberes educativos de la sociedad. Puesto que toda la tribu, quiera o no, está educando, vamos a marcar los deberes de cada uno. Los de los docentes están claros. Los de los padres también... Pero ¿y del resto? (periodistas, futbolistas, políticos, policías...). Todo el mundo influye en los niños y debería movilizarse a favor de la escuela. No se trata de ser Teresa de Calcuta ni héroes. Es que en nuestra escuela se basa nuestro futuro ético y social, y hace falta ayuda.

–¿Es sostenible cambiar de ley de educación cada cuatro años?
–Es un gigantesco error de gestión. La politización de la educación es una plaga mortal. Y en España tenemos una mala tradición, desde el siglo XIX, politizado hasta unos extremos vergonzosos. Como tengo una desconfianza completa en que haya un pacto de estado educativo, intento promover un pacto social educativo, entre los que en realidad nos preocupa la educación, los que queremos ponerla de moda y confiar en ella. Cuando hayamos elevado el debate entre nosotros, presionaremos a los políticos y tendrán que hacerlo.

–¿Por qué PISA detecta tantas diferencias entre autonomías?
–Intervienen varios aspectos. Por una parte la dimensión de las comunidades autónomas; por otra, también influye la densidad de población... Pero lo más importante para mejorar un sistema educativo es atender mucho a los equipos directivos de los centros, atender mucho a la formación del profesorado y fomentar la comunicación entre las familias y los centros.

–Eso corre precisamente peligro con los recortes...
–Pues es evidente. No podemos dejar a ningún niño sin escolarizar. Los recortes se van a sentir más en los programas destinados a ayudar a los niños con necesidades. La reducción de las becas de comedores en algunos casos es un auténtico drama.

–¿La nueva ley servirá de algo?
–Nunca las leyes han servido y menos esta que no se detiene en la mejora de la gestión. Las evaluaciones que propone no sirven para aprender, sino para sacar nota. Van a segregar. Tenemos unos programas hipertrofiados. Queremos meterlo todo en las asignaturas para al final saber muy poco. Hay cosas que se tienen que aprender de memoria y otras se pueden buscar en el ordenador. Un burro conectado a internet sigue siendo un burro.