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 ´Nené´ Estivill, afincado en Palma desde 1987, falleció el pasado miércoles a los 84 años - Familiares y amigos despedirán hoy a las 20 horas en la iglesia de San Sebastián al dibujante gallego de Bruguera que caricaturizó al estereotipo rural de la España profunda
Alejandro Santamaría Estivill (
Nené Estivill. 
Pontevedra 1926-Palma 2011) fue empleado de Telefónica entre 1940 y 1986. Alternó su pasión por el dibujo con la seguridad de un empleo fijo que no obstante le llevó desde su Pontevedra natal a Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca.


Comenzó su carrera como dibujante en Galicia, más tarde crearía la serie La Bola para la revista Jaimito, de la Editorial Valenciana. Entra en Bruguera en 1958 con dos nuevas series: La terrible Fifí, en Pulgarcito, y Silvano Mengano, para Can Can. En 1961, nacía en Tío Vivo su personaje más conocido: Agamenón. Estivill será recordado por una frase, la que pronunciaba la abuela de Agamenón al final de cada episodio: "Igualico, igualico quel defunto de su agüelico".



El aspecto gráfico de sus aportaciones a Bruguera es más sucio de lo habitual en la casa. Estivill ofrece un grado extra de expresividad y soltura. Si otros dibujantes sobresalen por el carácter geométrico y la precisión decorativa de sus trazos, él lo hace por lo contrario: su frescura y desparpajo. Las paradojas no acaban en lo gráfico. Fifí es justo lo contrario de una buena niña, enlazando con una larga tradición de niños malos, de Guillermo el travieso a Zipi y Zape. Si Fifí juega con la inversión del orden establecido, en unos términos lógicamente moderados, Agamenón plantea el clásico enfrentamiento entre el hombre de campo, noble de manera natural, y los listillos urbanos, que siempre intentan burlarse de él, sin conseguirlo. Los años no pasan por este mecanismo cómico, que sigue funcionando con eficacia. Los episodios solían acabar a tortazos, terreno éste en que el buen mozo no tenía rival, y con una gran viñeta en la que siempre aparecía su abuela rubricando el final con su célebre frase. A subrayar también el lenguaje, que enlaza con una España rural que iría desapareciendo progresivamente de los tebeos, hasta convertirse en un fantasma, con nula presencia en la actualidad.

El autor apenas conservaba originales de los miles que dibujó, ya que la editorial se quedaba con todo el material. Estivill siempre dibujó y escribió sus tebeos, sin más ayuda que la de su propia familia. Lamentablemente una larga enfermedad apenas le permitió disfrutar de los contados homenajes que se le tributaron en sus últimos años. Aparecía entre los veteranos del cómic residentes en las islas en la exposición Historietes en 2006. Dos años después, parte de sus trabajos en Bruguera se recuperaban en un tomo recopilatorio. Descanse en paz.